Puntuación: 8/10
Rosalía nunca ha temido transformarse. Desde el flamenco puro de Los Ángeles hasta el pop sofisticado de El Mal Querer y el reguetón experimental de Motomami, su carrera ha sido un constante acto de reinvención. Con Lux, su cuarto álbum, apunta aún más alto — o mejor dicho, más allá — creando un proyecto de escala cósmica y de profunda intención espiritual.
La ambición: una visión multilingüe y multidimensional
Lux es el trabajo más ambicioso de Rosalía hasta la fecha. A lo largo de 18 canciones y 13 idiomas — del español y el italiano al japonés, árabe e incluso latín — construye una catedral sonora donde lo operático se mezcla con lo electrónico y lo divino. El concepto nace de las hagiografías, relatos de santas y figuras sagradas de diversas culturas, convirtiendo cada canción en un ritual. El resultado es una audaz exploración de la fe, la feminidad y la trascendencia. No es un disco fácil. Es una experiencia exigente, de una hora de duración, que pide atención total. Pero quien la concede será recompensado. Canciones como Divinize y Sexo, Violencia y Llantas capturan la mezcla de fragilidad y fuego que caracteriza a Rosalía. En Dios Es Un Stalker, juega con la ironía divina, convirtiendo la omnipresencia en deseo obsesivo.Donde lo sagrado se une a lo sintético
El corazón emocional del álbum es Mio Christo, un aria italiana reinterpretada con el sello único de Rosalía. Su control vocal es impresionante — operático en un momento, íntimo al siguiente. Luego llega Novia Robot, quizá la declaración más audaz del disco: una crítica multilingüe al capitalismo y a la objetificación femenina envuelta en un paisaje sonoro vanguardista. Su introducción hablada, que satiriza la cultura del consumo, suena como un manifiesto disfrazado de arte. Entre tanta grandeza, Lux deja espacio para la emoción cruda. La Perla, supuestamente dedicada a su ex prometido Rauw Alejandro, mezcla dolor y sarcasmo en versos afilados: “Medalla de oro en ser un cabrón”, canta sobre un vals delicado. Es personal y teatral a la vez — un recordatorio de que incluso las diosas sangran.Un cierre ascendente
El álbum concluye con Magnolias, una despedida luminosa donde Rosalía canta: “Vengo de las estrellas / Pero hoy me vuelvo polvo”. El arreglo, sostenido por órgano y orquesta, se siente como el alma abandonando el cuerpo — serena, inevitable, trascendente. Es el cierre perfecto para un disco que flota constantemente entre el cielo y la tierra.Veredicto
Lux no está hecho para listas de reproducción ni para escuchas distraídas. Es una experiencia para entrar como en una catedral — lentamente, con respeto y el corazón abierto. La visión de Rosalía puede parecer excesiva, pero también es electrizante: una valiente negación de la complacencia musical en una era dominada por los algoritmos.Puntuación final: 8/10 – Rosalía alcanza el cielo y casi lo toca.
