El acid jazz parece haber quedado atrás en algún momento indeterminado a finales de los 90 para fundirse con otros géneros similares hasta volverse irreconocible. Sin embargo, los recientes éxitos de discos como "Blackstar" (2016) de David Bowie o "To Pimp A Butterfly" (2015) de Kendrick Lamar, representantes de dos géneros musicales tan distintos como el rock y el hip-hop tienen en común una influencia aparentemente dispar pero que resuena como un eco distante en la creación de sus sonidos: el acid jazz. Y no es de extrañar porque el acid jazz siempre fue un estilo musical engendrado por la fusión de géneros diversos como el jazz y el funk, también el hip-hop e incluso toques de disco y hasta música latina, para crear una mezcla seductora en manos de los DJs que tomó por sorpresa a la escena dance de Inglaterra a mediados de los 80 para luego extenderse y alcanzar su mayor punto de popularidad durante la década de los 90 con artistas y agrupaciones aún vigentes como James Taylor Quartet (cuyo disco "In The Hand Of Inevitable" marca el momento exacto en que el acid jazz se presenta como un género sólido sobre el cual debatirse críticamente), Jamiroquai ("Emergency On Planet Earh" como el disco cumbre para defender el auge del acid jazz), Stereo MCs, Incognito, Jazzanova y Liquid Soul.
Si algo caracteriza al jazz es la libertad y la improvisación, y esto reverbera en el trabajo de aquellos artistas que se valieron del acid jazz para expresarse musicalmente (especialmente en sus presentaciones en vivo o pistas de DJ ejecutadas para clubes y pistas de baile). Pero esta libertad coqueteaba con el fuego del funk, la confrontación del hip-hop y la pasión del disco para crear un sonido lleno de sutilezas contradictorias en los cuales se asomaba un matiz de la cultura afroamericana que resultaba accesible para todos.
Existe una inevitable controversia a la hora de determinar si el acid jazz puede considerarse realmente un género musical o es tan solo el resultado pasajero de una fusión improvisada de otros géneros mayores, pero el hecho de que algunos discos surgidos bajo esta denominación no puedan ser calificados por completo como alguno de los géneros musicales a partir de los cuales surge el acid jazz, reflejan precisamente la esencia del acid jazz para reclamar un nombre por derecho propio: música sin barreras y autoconsciente de sus sonidos prestados, como si se tratara de una utopía momentánea en la que es posible un raro pacto entre el esquivo jazz y la potente electrónica bailable, tanto para seducir al oído como para invitar al cuerpo en un viaje musical donde todos los precedentes no se contradicen, al menos por un breve momento jugosamente ácido.






